«Tengo 48 años y pertenezco a la generación en la que la tetraciclina campó a sus anchas estropeando cuantas dentaduras encontraba. Creo que llevaba sin reírme con la boca abierta desde que tenía doce años.
Hace un año que me colocaron carillas, primero en los dientes superiores y, al final, me las acabé colocando también en los inferiores para poder reírme a gusto (me ha costado aprender).
Pocas cosas me han cambiado tanto mi vida y me han aportado tanta seguridad como esta. Sólo lamento no haberlo decidido antes.»
Alicia N (L’Eliana)